Acuérdate de ti



Cítate a ti mismo a cualquier hora      En esta agenda vegetal
Que conoce y bendice todas tus máscaras de hombre anónimo
Tu laberinto de carne escarchada       Tu locura errante
Recuerda amanecer en las hebras de la aurora           Como un dios menor
Alejando esa memoria con olor a mina antigua          Oscura y profunda
Quema los bronquios y los nervios de la luz de las mañanas
Como tú sabes                        Con tijeras que fabrican ondas sonoras
Y fúndete        Ante una intemperie atónita    Cargado de humedad
Con esos cables eléctricos      Esta fecha       Este cielo
Dale la libertad al molde de tejer un océano polvoriento o amargo
Que se alejen la fiebre y sus largas raíces de tu osamenta desorillada
Ya estás en la cumbre suficientemente triste en tu sudario
Abandona las alfombras y los atajos  difícilmente adorables
Dormías soñando con relojes de oro en muñecas agitadas deprisa
Malabarista prodigioso                       No te bastaba con elevarte
Caminas sobre las aguas de una lasciva patria     Maldecida e ignota
Admite que te rompes derramándote En lugares comunes
Tu perfil conocido en cornisas                       Apolilladas radiografías
Mira cómo se lleva todo el viento       Dilo 
Tus manos       Puertas abiertas de palisandro
Tus oídos        Vientres alumbrados con impotencia
Ese cuerpo que arrastras         Tuyo    Gramática hermosa
Traerá un nuevo lenguaje       Pulmonar         Tal vez cálido


[Fotografía de Brassai]

El escultor



Nada pueden tus labios contra el asfalto y sus antorchas
Rodeados de luz e inapetencia Cosidos sin remedio a la noche
Enredados en verdades más exactas que la muerte
En tu camisa estupefacta habrá de anidar el esparto
La marca del automóvil y su abrazo flamígero
Ah el mundo ya no puede concebirse en las hojas de los árboles
En la garganta arde la hierba en virutas Avanza sin pensarlo
Luce con despecho en nuestros cuellos abandonados
Pero no será este otoño más dulce que otros
Nuestras debilidades se mantienen intactas
Celebran la grandeza de su vasto dominio
Podemos sentarnos en el borde En suspenso la vida
Y olvidar que fuimos ángeles Permitir que los hilos
Sigan siendo invisibles con nuestro beneplácito
Mientras van estrangulando nuestras propias cabezas
Adoras las ciudades que sucumben Para qué ocultarlo
Tu corazón mecido en un bajel sonámbulo
Navega hambriento de silencio
Navega dando la espalda a los días
Que llueven caudalosamente sobre los tejados
Tus heridas subterráneas han roído cuanto menos
El límite al final de todos tus bolsillos
Regresando a la tierra A su aliento delirante
Dándole cuerda a un abismo de hueso de pájaro
Precursor a tientas de nudos y órbitas
De lírica mentolada deliciosamente frágil
Infinitos graneros donde acuden a morir
Tus secretos fugaces tus señales telegráficas
A propósito de tu tímido oficio que ocultas
Mitad tragedia mitad alumbramiento vacilante
Surge una ruta perdida Retrato de esa calle
Donde sobrevive el invierno con asombro
Y nace como humo de neumático tu ingenio
Bajo un anonimato abrazado al exilio
Tejedor de astros sobre cuartillas de nieve
Donde se nutre tu espalda desnuda A solas
A salvo están tus articulaciones boreales
De soldadito de plomo humilde y lúcido
A salvo tu mirada en el sur de la página
Como un Cristo de hielo despiezado y pobre
Qué fácil enamorarse de tu reflejo indómito
Misteriosa víspera que precede al vértigo
Vences sin lucha apenas la amargura antigua
De todos mis recuerdos por supuesto impunes
Es en otro lugar donde los cielos continúan
Derramando mentiras como guijarro o granizo
Aquí diques de cerraduras se ciernen inevitables
Sobre nuestro horizonte A merced del insomnio
Pero ninguna farola reflejará la palidez
De tus hermosos brazos De granito y alambre

[Rayograma de Man Ray]

................................ Lonxe














No sabemos extraviarnos  Nuestros cuerpos  Ya sin hélices
parecen ahogados en su propia carne
descienden no sin interferencias
por escuetas barandillas nocturnas 
Nuestros cuerpos  Vapores agrestes
se miden en el fondo de los ríos En cascadas de fervor geométrico
Cerebros salpicados de café y teorías  Ya viene el hombre
sus ojos bañados en cortinas de aguanieve  Mirada hermética
sus brazos son como ferrocarriles  Tejen rutas enfermas sobre la hierba
tristeza mineral extendiendo sus músculos como trampas polares
Nos cubre la vida con una sacudida  Hermoso rastro
que viene a decir con pocas sílabas Viejo corazón autómata
Viejo corazón  Poco eres más que un títere
nada sabes del mundo o de la sangre
que fluye deprisa como un velocípedo
por debajo de las vías  Haciendo hipótesis
Nada acerca del tiempo y sus dientes de sierra
que sigue sin nosotros sus costumbres agrícolas
la boca acorralada en esos pastos  Sembrados de opio y de metáforas
la voluntad aterida en sus terrores adolescentes
Todas las golondrinas lo saben  pero falta que aprendamos nosotros
a adorar la periferia no sus garabatos
a dejar que se pierda la luz de un día a otro
viajando sobre puños cerrados bajo la luna
Seamos glaciares al borde de sus vértigos  Jornadas botánicas
reflejo de mechones marinos sobre la tierra abrupta
rezan escrupulosamente sus oraciones
páginas que llenan los vacíos urbanos
Abramos con estrépito la infancia y sus cicatrices
nada de plegarias  Me pondré sobre los hombros
silencios forestales como único atuendo bienlosabedios
único atuendo  El pecho descalzo pero no despierto
se estremece y ulula  Es una incongruencia
resistirse a calendarios moribundos
hace falta ser humilde para quebrarse
sigue ululando corazón  Sigue desnudo
no sabrás manejar la indiferencia ante tanto desaliento
A medio camino  En esta hora
permito que se alejen los días como lentos arrecifes
donde habrán de encallar  Que se vayan
el porvenir y sus brillantes vallas publicitarias
hasta que pierda la penumbra la esperanza
de seguir avanzando en sus carruajes
Se apodera el eco de algunos acordes Cercando al invierno
que viaja más que nadie  Al invierno que desplaza
con desánimo sus vértebras emigrantes
trae a tu lecho sembrado de medallas cuerpos que se mudan
con raquíticas maletas El aire y sus porqués proclaman sus poderes
cuerpos donde ya no sopla el viento ni las voces
Escriben los dioses con sus coronas estilográficas
abriendo nuevas heridas en la corteza terrestre
se dicen soberanos dando saltos mortales
Vamos dejando atrás los brazos en alto
envilecidos por la dureza del territorio
Solamente la duda nos dirige ahora
hacia balanzas sin salida donde medirse
Con arenas movedizas no se apaga el fuego
decir que con distancia es sólo aproximado
Llega el mañana colmado de nudos
autopistas con curvas  Yo os abrazo
aprendo a navegar con y sin cabeza
sobre la noche y sus corceles azules
mientras pago uno a uno mis pecados capitales
A menos que el labio o el tímpano acierten a guiarse sin estrofas
seguirá reinando el ruido  Viejo ejército sin bajas
así será  Rugiendo con sus goznes
porque nosotros no sabemos extraviarnos
                                             no sabemos

[Fotografía de Ricky Dávila]

Bienvenido Mr. Dalton



















La moral y sus jaulas de alambre de púas
no nos deberán hacer perder de vista
el bellísimo espacio de aire diamantino
que siempre habrá entre sus barrotes
tendremos tiempo para huir de la explosión
actuemos      actuemos
pero nunca para salvarnos

Roque Dalton
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.
.



¿Cómo lo diría? Todo lo que va en contra de uno mismo es lo inmoral, no lo es buscar la identidad en cualesquiera callejones, ni maldecir a las tormentas que trajeron lluvia, ni mucho menos lavarse las manos antes de matar a Ratzinger y su horda de reliquias y su conciencia morada. A qué un catedrático me va a decir mira que eso es propio de indígenas tropicales. Guárdense sus pecados académicos. Occidente ha de ir por libre antes de convertirse en América, dios nos guarde, sí sí el mismo. Invoquemos, no vaya a ser que exista y sirva para algo.

[Por supuesto ningún latinoamericano se ofenda, cuando ahí digo América, me refería a la puta, a la del norte, primitiva, la que tiene poco o ningún corazón pero le sobran principios morales]


[Fotografía de Arthur Fellig 'Weegee'. Me encanta lo que muestra, la mujer se bebe la vida desnuda con arrojo, mientras el hombre elegantemente vestido se cubre la cara, seguramente porque no debería estar ahí, y porque tiene cosas que ocultar bajo esa falsa fachada de ciudadano respetable.]

Canción














Viene diciembre
Viene febrero
a despertar esos torsos
de corazón sin costura
embriagado de cólera
Por debajo del puente
donde a mí me topé
ha crecido una torre
bañada de nombres
secretos y pájaros
Esquivo la fortuna
de tener unos ojos
extraviados o azules
llorar es más bien alegre
arder es más bien triste
Por encima del puente
lucen sus dentaduras
hombres bien amueblados
arrogantes y débiles
Pero sigue la vida
pero la vida sigue
como una oriflama
o rompecabezas
erguida y absurda



[Fotografía de Christopher Anderson]

Corina














Hablas de ti misma con tímido asombro, enfrentada a la noche, a sus perros azules. Con los ojos cerrados y el pecho abierto. Y la vida se muerde oh dios los labios desnudando en silencio otros corazones, en este noviembre con quietud de quirófano. No hay más que una verdad de puerta en puerta tras los nombres que están fuera de ti, atrapados en el vértigo de esa piedad llamada tristemente condesa descalza. Memoria de doble fondo, boca de metro. Marchas tiritando ante rutas de granito, vestida de canto insolente. Ardiendo impávida. Negando inconforme lo que dicta la tierra que se mueve agarrotada en los tejados. Cuando  la lluvia vierte en tu lecho migratorio colores de porvenir frío, de mejilla vítrea, se levanta valiente ese gesto tan tuyo de perspectiva exacta de sí-me-concierne. No se trata siquiera de vivir a lo lejos, en anillos cerrados, en rotondas matutinas donde gira el miedo en torno al miedo. Es más bien de un modo rendido a lo insólito prohibir al reloj que pregunte la hora. Y que un pie sobre otro escuchando la radio dance dignamente sobre todas las máquinas. Diosa sin altar de diosa, extraordinariamente humana y frágil. Sólo tiene de herida lo que tú quieras darle a este teatro público, esta frívola selva de cristal dulcemente empañado y sonoro.

[Permite que el dolor cruce las piernas
Y se harte de esperarte y se adormezca
Mientras la vestidura se rasga al fondo
De todos nuestros pozos de petróleo]

Tú eres la luz
Y el mismo trigo
Que crece bajo la luz

[Fotografía de Eve Arnold]

AutoRetrato



















Alzas tus cicatrices como estandartes
            oh viejos conocidos
fantasmas que se ahogan
en su propia desidia
y te arropas con voces que no están
y te mueres de frío
            en tu delirio anatómico
como pequeñas vagabundas sin nombre
tan sólo vestidas de heridas punzantes

[Fotografía de Helmut Newton]

Silencio metereológico
















Sácame de mí con defensa polaca
de este tablero poblado de pasos en falso
la dama negra se enfrenta a un ejército blanco
mientras las noticias se levantan
           14 muertos por lluvias en Sicilia
y tu corazón sigue al acecho sin aliento apenas
pequeña alondra tras una marea
de cinturas estrechas como dicen las olas
No hay ni un brote de luz emigrante
       que esté a la altura
ni viento que siga el ejemplo
de tus extremidades geográficas
              cálidos rompehielos

He visto que se acerca una borrasca
entre los pliegues de un periódico
                  de prosa hermética

[Fotografía de Harry Callahan]

Criatura polar



El invierno avanza en ti
con sus pies rotos de nieve
sobre tu tierra fecunda
sembrada de obuses
sobre todas tus verdades
          que agonizan

Ponte en peligro   Ponte en pie
permite que invada la escarcha
tus mandíbulas apretadas
que tu corazón se hiele
como esos girasoles
que temen a la penumbra

Escucha lo que dicta el cosmos
con renglones torcidos como la hiedra
y tornará tu saliva a corriente de aire
y crecerá tu sangre herida de sueños
hacia la cumbre de jardines inmóviles
donde muere la vida y nace el hombre


[Fotografía manipulada de Robert ParkeHarrison]

Vencida



















Tu abrazo Ingeniero de nubes
se desplaza sobre todos los viñedos
                            de la tierra
horada los campos de plomo
en minutos que huelen a hierba mojada
penetra en los párpados de miradas anónimas
casi tan distantes casi tan cercanas
abriendo con su esperma a menudo de otoño
todos los cerrojos que selló la lluvia

[Fotografía de Paula Bonneaud]